Estas Fiestas… ¡Brindemos por Carcarañá!

Hoy es un buen momento para reflexionar en comunidad.

Vivimos tan de prisa que pocas veces nos tomamos el tiempo para hacer un parate y pensar sobre la rutina que llevamos, sobre nuestros vínculos, los afectos, principios, sobre nuestros logros y sobre aquellos anhelos aún pendientes.

Muchas veces nos ocurre que el ruido de afuera nos invade y eso no permite que nos calmemos y podamos pensar de dónde venimos y hacia dónde vamos.

A la hora de definirnos es muy frecuente que caigamos en el facilismo de poner en nuestra boca lo que otros dicen de nosotros; y entonces nos gana el inconformismo, quisiéramos tener lo que hay en otras ciudades o nos alimentamos de recuerdos.

La mayoría de las veces en la añoranza que da la lejanía descubrimos el valor de nuestro pago chico, de nuestro lugar en el mundo, y nos reencontramos con lo que realmente somos.

Somos una ciudad que ha logrado superar crisis, momentos difíciles que han dejado cicatrices. Una ciudad que día tras día sale a ganarse el pan y que se esmera por superarse a pesar de las adversidades.

Somos la producción, el servicio y el comercio desafiando, una vez más, los pronósticos desalentadores.

Somos una historia cargada de huellas, somos el sudor de nuestros ancestros y un legado de superación que no podemos dejar de oír.

Somos las instituciones que crecen desde la tenacidad cotidiana y que fortalecen con sus acciones el entramado social.

Somos parte del paisaje, privilegiado en espacios verdes y con un río rebelde que nos interpela preguntándonos que esperamos para llegar a destino aunque tengamos que ir contra la corriente.

Somos el encuentro, en los barrios, las plazas, los clubes, los bares… puntos de reunión donde vemos pasar la biblia junto al calefón.

Somos los amigos… los de toda la vida, los del fútbol, los papis del colegio, los del gimnasio, los de la Iglesia, los del trabajo, con los que compartimos las causas, los del boliche y los que la vida nos regaló sin casi darnos cuenta como llegaron a ser parte de nuestros días.

Somos la presencia que marca la diferencia… el calor familiar, el saludo en cualquier vuelta de esquina, la compañía, el aliento, hacernos el aguante, el respaldo, la solidaridad, las luchas compartidas, codo a codo,  en la construcción de una comunidad más justa, inclusiva y equitativa.

Somos los que sabemos que aún nos queda mucho por crecer, por mejorar, por avanzar.

Y parados aquí, desde nuestro gen carcarañense, es que debemos brindar y celebrar esta noche por todo aquello que nos hace únicos, distintos, especiales.  Así, aceptándonos y queriéndonos, sintiendo orgullo de lo que somos; comprometernos a no dejarnos seducir por falsas esperanzas, teniendo la certeza de que todo lo que aún nos queda por conseguir lo alcanzaremos producto del digno esfuerzo y el denodado deseo de superación, siendo capaces de reinventarnos y estando a la altura de los nuevos desafíos.

Ese es el legado de nuestros abuelos y ese será el mejor legado que podremos dejarle a nuestra descendencia.

Resúmen audiovisual: Carca… ¡te quiero!